Queer: qué es, qué significa serlo y evolución del concepto

Queer: qué es, qué significa serlo y evolución del concepto

¿Has oído alguna vez a alguien llamarse a sí mismo marica y no tenías ni idea de lo que significaba? En este artículo explicaremos de forma sencilla qué significa queer y por qué es un tema tan candente en la actualidad.

Breve definición de la palabra queer

Queer: qué es, qué significa serlo y evolución del concepto

Una definición sencilla de queer es "persona que no es ni heterosexual ni cisgénero".  En otras palabras, es alguien que pertenece a la comunidad LGBTQ pero que no se define por las etiquetas de lesbiana, bisexual, gay o transexual.

¿Quiere profundizar y comprender sus orígenes? Podemos contarle más cosas.

La historia detrás de las palabras

Para entender mejor qué es queer, veamos primero la historia: queer significa raro (estrafalario) y se ha utilizado durante mucho tiempo como término peyorativo para referirse a la sexualidad en la comunidad LGBT y a las personas que no encajan en la definición de heterosexualidad. En otras palabras, originalmente era un término despectivo para las personas que no sabían si eran hombres o mujeres. En otras palabras, una chica con apariencia masculina o un hombre con apariencia femenina.

A principios de la década de 1990, ciertas partes del movimiento LGBT sentían que no se les incluía en la dirección del movimiento, que los homosexuales querían ser "normales" y que sólo ciertos tipos de homosexuales eran visibles. Era como si el movimiento intentara crear una copia del modelo de familia heterosexual, y los que no encajaban en ese estereotipo no encajaban en el movimiento. Así que decidieron transformar la palabra queer y convertirla en un término que denota una nueva tendencia del movimiento en la que el sexo y el género son constitutivos.

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Judith Butler, una de las "madres" del movimiento, lo define así.

En otras palabras, la comunidad decidió destruir el significado del insulto y darle un nuevo significado. Porque si eres una chica a la que le gusta llevar corbata y te defines como queer, te da igual que lo digan los demás. No me importa si crees que soy marica, me defino como marica porque estoy orgullosa de serlo".

En el debate en torno a la teoría queer, percibimos que existe un miedo extraordinario a que el desarrollo de transformaciones sociales y culturales en materia de género y sexualidad niegue la existencia de las mujeres y nuestra historia de opresión y desigualdad. Por lo tanto, creemos que tenemos que volver a plantearnos la pregunta de qué significa ser mujer, una pregunta que las feministas se hicieron hace 70 años y que nos ha permitido hacer avances en la investigación que han tenido un gran impacto político.

Cuando Simone de Buboire escribió "No se nace mujer, se llega a ser mujer", no negaba la existencia del sexo biológico, sino que problematizaba la construcción histórica y cultural de lo que significa ser mujer a partir de las diferencias anatómicas del sexo corporal. Desde entonces, la teoría feminista contemporánea ha demostrado que el patriarcado crea órdenes simbólicos y culturales que dan sentido a las experiencias sociales, sexuales y emocionales de las mujeres para mantener su opresión. Esto se basa en el supuesto biológico y aparentemente científico de que la feminidad es una expresión de identidad derivada de la maternidad.

Gracias a este hecho y a los avances en los estudios de género, no es la presencia innata de genitales lo que nos oprime, sino el conjunto de discursos, saberes, estrategias, prácticas y relaciones sociales producidas por el poder que inciden en la satisfacción de los impulsos sexuales, en la reproducción de la especie humana y, más en general, en las relaciones entre las personas (Barbieri, 1992). De este modo, la cultura establece un modelo ejemplar de feminidad, pero también un modelo ejemplar de masculinidad hegemónica que constituye nuestra subjetividad y guía el comportamiento de hombres y mujeres para reproducir el orden político y económico.

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Lo cierto es que el patriarcado, a través de la construcción cultural de la diferencia sexual, encuentra en la dominación masculina uno de los fundamentos ideológicos que garantizan la reproducción de todo el sistema social.  En otras palabras, la construcción cultural de la feminidad y la masculinidad crea y articula relaciones de poder y dominación que son fundamentales para orientar el comportamiento social y sexual de las personas hacia los intereses políticos y económicos del Estado. Las mujeres, por tanto, siguen recluidas en el espacio privado para ocuparse de sus vidas porque se supone que tienen una identidad social/sexual ligada a su capacidad reproductiva. Sin embargo, cabe señalar que, según esta lógica, todas aquellas personas cuya subjetividad no se ajusta a las normas sexuales/de género prescritas por el patriarcado y que entran en la dinámica del poder son marginadas, silenciadas, patologizadas, discriminadas, violadas y asesinadas. Esto también se aplica a las que se consideran mujeres de entornos no hegemónicos.

Como se mencionó anteriormente, en la intersección de la teoría queer y el feminismo, podemos identificar cómo se construyen estos discursos de poder y cómo influyen en nuestros procesos históricos y políticos de subjetivación. Y del mismo modo, podemos preguntarnos qué mujeres son reconocidas como normales por el patriarcado y cuáles no. No se trata de negar la opresión de las mujeres a causa de su género, sino de problematizar el discurso que naturaliza y justifica esta opresión al suponer que existe una predisposición biológica que hace que las personas -consistentemente "mujeres - madres - esposas"- quieran ser así.

En otras palabras, la cuestión central aquí no es la negación de la existencia del sexo biológico, es decir, la existencia de las mujeres, sino cómo llegamos a considerarnos "mujeres" en un sistema patriarcal. De esta manera podemos ver por qué estamos oprimidas y por qué somos las principales sufridoras de la violencia patriarcal. Y no sólo nosotras, sino todos los cuerpos feminizados.

Por ello, creemos que en el siglo XXI debemos replantearnos los discursos que afirman que la mujer es una categoría universal basada en la biología, o que sólo hay una forma de ser mujer. Porque aquí es donde radican nuestros conflictos históricos y políticos más importantes. El reto consiste en reconocer y aceptar nuestra diversidad (raza, etnia, género, edad, clase, etc.) para redefinir las categorías y desmantelar así los discursos hegemónicos que apoyan la opresión basada en la biología humana.

Javiera Poblete Vargas.

Es historiadora feminista.

Es miembro de la Asamblea Feminista de Madrid.

Barbieri, T. D. (1992). Sobre las categorías de género: una introducción teórica y metodológica, Fin de Siglo: Cambio civilizatorio, Isis Internacional.

Beauvoir, S.d. (1999). El segundo sexo. Buenos Aires: Debolsillo.

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Resumen

Alejandro

¡Hola! Soy Alejandro creador y editor de eldespachoclandestino.com. Si estáis aquí es porque como yo, sois amantes de la buena cocina y la vida saludable. Quédate conmigo y aprendes sobre este apasionante mundo.

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