¿Cómo debería ser una dieta sostenible?

¿Cómo debería ser una dieta sostenible?

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), una dieta sostenible y sana promueve todos los aspectos de la salud y el bienestar humanos, es accesible, asequible, segura y equitativa, y tiene un bajo impacto ambiental. Aún queda mucho camino por recorrer, pero usted puede contribuir a transformar el sistema alimentario. Tu papel es crucial. Utilice los siguientes consejos para participar activamente.

  1. Dieta.
    Elige una dieta rica en frutas, verduras, legumbres y hortalizas verdes.
  2. Reducir el consumo. 
    Reducir el consumo de productos lácteos, pescado y carne.
  3. Pásate a lo natural.
    Cambie los alimentos cocinados y modificados genéticamente por alimentos naturales.
  4. Reducir los residuos.
    Compra sólo lo que comas. Es mejor para tu cartera y para el planeta.
  5. Elija alimentos ecológicos.
    Incluya en su dieta alimentos libres de pesticidas y fertilizantes químicos.
  6. Respetuoso con el medio ambiente.
    Consuma productos de temporada y locales para reducir las emisiones de CO2.
  7. Apoyar el comercio justo
    Elija alimentos que fomenten relaciones comerciales respetuosas.

Adopte estas prácticas y note la diferencia.

Alimentación sostenible Cómo es la buena alimentación

En la actualidad, todavía existen algunos conceptos erróneos sobre la alimentación del lactante y del niño pequeño en general. En lugar de pensar en alimentos y nutrientes concretos, es importante pensar en alimentar a toda la familia y seguir una dieta sana.

A los dos años, la introducción de los niños a los alimentos es casi completa. Desde este momento hasta los siete años es la mejor época para desarrollar buenos hábitos alimentarios que pueden durar toda la vida.

En los últimos 40 años, la industria alimentaria nos ha hecho creer que no sabemos cómo alimentar a nuestros hijos. Para satisfacer sus necesidades, se han inventado productos teóricamente más nutritivos que los alimentos que comemos en casa. Junto con una buena estrategia publicitaria y el hecho de que la clase trabajadora tenía cada vez más tiempo libre, fue la tormenta perfecta. Si ahora intentamos prescindir de todos estos productos y decimos que siempre lo hemos hecho así, sentimos que lo estamos haciendo mal o que nuestros hijos se lo están perdiendo. Sin embargo, estos productos son totalmente innecesarios y mucho más caros que los convencionales. Todo es legal, pero poco ético.

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Mi primer yogur, mi primera galleta, mi primer cacao, mi primer veneno" es un informe de Global Food Justice que denuncia el fraude en la alimentación infantil.

Criterios de compra.

Una dieta sana incluye una cesta llena de verduras, fruta, pescado, carne, legumbres y cereales integrales. No es glamuroso, pero nuestro cuerpo lo necesita.

El conocido periodista y activista Michael Pollan afirma en su libro Supermarket Detective: "Durante la mayor parte de la historia, la humanidad averiguó qué comer sin el asesoramiento de expertos. Ahora, debido a la complejidad de cosas muy simples, no tenemos ni idea". Y con tanta confusión, es revolucionario volver a lo básico. Tenemos que volver a los mercados y comprar productos frescos, de temporada, locales y, a ser posible, ecológicos. También hay que tener en cuenta los alimentos envasados y mínimamente procesados, pero que siguen siendo saludables, como el aceite de oliva virgen extra, las legumbres cocidas en conserva, los pescados grasos pequeños en conserva, el yogur natural y los tomates triturados.

Composición de los alimentos saludables

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Los nutricionistas y dietistas llevan años haciendo referencia al Plato para una alimentación sana de la Escuela de Salud Pública de Harvard. Es un gráfico visual que muestra la composición y las proporciones de los distintos grupos de alimentos para una dieta sana. Casi la mitad del plato se compone de verduras. Cuanta más variedad y color, más vitaminas y minerales de diversos tipos. La mitad que falta es fruta, que se come mejor con piel.

Una cuarta parte del plato se compone de hidratos de carbono, y se da preferencia a los productos integrales y semiintegrales, como el trigo sarraceno, el arroz, la avena, la espelta, el kamut, la quinoa y el mijo. Los tubérculos, como las patatas y los boniatos, también figuran entre las fuentes de hidratos de carbono. Deben evitarse los cereales y harinas refinados, especialmente el pan, la pasta y las galletas, ya que provocan un aumento de los niveles de azúcar e insulina en sangre. Aproximadamente una cuarta parte son proteínas, que deben proceder tanto de alimentos de origen animal (pescado, huevos, carne) como vegetal (principalmente legumbres). Deben evitarse las carnes procesadas (salchichas, hamburguesas, perritos calientes) y los embutidos, ya que contienen aditivos y fécula de patata. Por último, una pequeña parte de la dieta debe consistir en grasas saludables. La idea básica es aliñar los alimentos con aceite de oliva virgen extra y cocinarlos en aceite de oliva virgen o mantequilla ecológica o ghee. También son interesantes las grasas procedentes de aguacates, aceitunas, frutos secos, semillas, yemas de huevo y pequeños pescados grasos. Deben evitarse especialmente las grasas trans (briox) y las grasas parcialmente hidrogenadas (margarina). Y la mejor bebida para eliminarlos es siempre el agua.

La idea de que el desayuno y la merienda deben ser dulces se ha arraigado en los últimos años y sigue siendo una importante asignatura pendiente.

Alimentación consciente y placentera

No se trata sólo de lo que comes, sino también de cómo lo comes. Los niños aprenden por imitación. Por eso es muy importante dar buen ejemplo comiendo juntos en paz y en su tiempo libre, sin distraerse con la televisión, las tabletas o los teléfonos móviles.

Te propongo tres ideas para que comáis juntos de forma consciente y agradable. En primer lugar, debemos cuidarlos y respetarlos. Nosotros decidimos lo que comemos y decidimos si nuestros hijos comen y cuánto comen. Es importante no interferir en los mecanismos de hambre y saciedad para que los niños coman lo que necesitan para alimentarse correctamente y crecer. En segundo lugar, no ofrezcas ni des comida. No ofrecemos alimentos que consideramos poco saludables, pero tampoco prohibimos ofrecer comida si otra persona ya la ha ofrecido o si se trata de una celebración. Cuanto más prohíbas, más interés crearás. Por último, la comida no debe ser ni un premio ni un castigo. No sirve de nada decirles que tienen que comérselo para jugar, o que recibirán un postre como recompensa si se lo comen todo, porque eso crea una asociación peligrosa y hace difícil deshacerla.

Por último, es muy importante que volvamos a nuestra intuición (la nuestra y la de nuestros hijos) y reivindiquemos nuestra cultura gastronómica, nuestras recetas tradicionales y nuestro sentido común. Con tanta comida a nuestra disposición, nunca hemos comido tan mal. La globalización ha llevado a una dicotomía de sobrealimentación y desnutrición, que a su vez provoca enfermedades. La obesidad, la diabetes de tipo 2, la hipertensión y la dislipidemia -enfermedades que aumentan el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares- son las enfermedades del siglo XXI, que se presentan a edades cada vez más tempranas y en niños.

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Resumen

Alejandro

¡Hola! Soy Alejandro creador y editor de eldespachoclandestino.com. Si estáis aquí es porque como yo, sois amantes de la buena cocina y la vida saludable. Quédate conmigo y aprendes sobre este apasionante mundo.

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